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Tiempos de reivindicar a Malintzin y a Tlaxcala

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Tuvieron que venir desde España los primeros indicios de reivindicación a una de las mujeres más influyentes en la historia de la humanidad: Malintzin. Ayer, en Madrid, se estrenó el musical «Malinche» creado por el gran Nacho Cano; uno de los artistas populares de mayor relevancia en la cultura hispana, creador de Mecano e impulsor de tantos y tantos artistas de actual renombre.

Las primeras críticas con el musical «Malinche» son duras y prevén una obra fallida. Pero más allá de ahondar en lo acertado o no del musical (al que esperemos ver para poder criticar) de Nacho Cano, resulta muy loable que se empiece a tratar con merecimiento digno a la mujer que potenció, con su gran inteligencia y habilidades políticas, el suceso quizá más relevante de la historia de la humanidad: la conquista americana. En la primera gran globalización, Nacho Cano además de enaltecer a Doña Marina, crea un drama histórico con su relación pasional con Hernán Cortés. El musical aparenta tener una gran puesta en escena, no de en balde están los 12 millones de euros de inversión y que están previstos a una recuperación de cuatro años: tendremos tiempo para poder viajar a Madrid y ver la obra, o en su defecto esperar a que venga a México.

Resulta triste y vergonzoso que los inicios de reivindicación a Malintzin, uno de los personajes históricos trascendentales para lo que hoy es México y el mundo, provengan del extranjero y no del propio México (de su gobierno o de su gente). La historia, siempre adecuada a los intereses estadistas, no ha estado acertada con la Malinche ni con Tlaxcala; incluso los tlaxcaltecas llevamos años siendo discriminados por la mayoría de la ciudadanía mexicana, quienes alegres ante su ignorancia y sin ningún mínimo deseo de esconderla (en tiempos donde no da ninguna vergüenza ser un ignorante), nos llaman abiertamente traidores o malinchistas —esa asquerosa etiqueta denigrante a una estupenda mujer—. Mucho que desear también, obras memorables como «El laberinto de la soledad» de Octavio Paz, o «La visión de los vencidos» de Miguel León Portilla, las cuales deben ser refutadas y cuestionadas además de ser refrescadas por nuevos autores; es cierto que existen historiadores actuales con mayor objetividad para con los tlaxcaltecas, ahí está por ejemplo Federico Navarrete y Antonio Jaramillo Arango, ambos con tesis que objetan que la conquista como una guerra vencedora de tres (texcocanos, tlaxcaltecas y españoles), únicamente posible gracias a los pueblos indígenas, pero sobre todo a la capacidad política-traductora de Malintzin (leer «Malintzin, o la conquista como traducción» de Federico Navarrete).

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La decadencia —que actualmente se ve tanto en lo social como en lo político—, el racismo y discriminación contra Tlaxcala inició casualmente en estas fechas con la disolución del pacto colonial en 1821; “los indios vencidos es un invento del siglo XIX mexicano, de la historiografía nacionalista; escribieron sus historias como vencedores, no como vencidos”, palabras de Navarrete que valen la pena retomar, al igual que el musical de Nacho Cano, para iniciar la reivindicación de Malintizn y de Tlaxcala.

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