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Miedo al placer

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“Antes de que te diagnostiques con depresión o baja autoestima, primero asegúrate de no estar rodeado de idiotas.” Sigmund Freud

“En la génesis de las enfermedades, los factores emocionales juegan un papel muy importante.” (Lowen, 2005). A más de 430 días de iniciar la llamada actividad de “aislamiento de carácter voluntario”, mucha gente aquí en México y en todo el mundo, ha y continúan experimentando múltiples síntomas asociados al proceso de permanecer estáticos.

Señalo que, antes de que el confinamiento iniciara, la gente vivía enganchada a herramientas y recursos que, si bien les generaba satisfacción y placer, no eran del todo conscientes de que solo con ello se encontraban evadiendo una serie de síntomas personales causadas en su mayoría por el estrés cotidiano y la no expresión oportuna de sus emociones y sentimientos, mismos que se van acumulando desde temprana edad y que en ocasiones da como resultado una enfermedad (psicosomática u orgánica).

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“El miedo siempre es una mentira. El miedo es ya el punto de vista de alguien más o un punto de vista implantado, diseñado para que no llegues a ver lo que realmente te gustaría ver, que puede cambiar tu realidad. Está diseñado para evitar que veas lo que está debajo de lo que estás llamando miedo, que es donde tú, el ser, realmente estás.” (Heer, 2012)
Te has puesto a pensar, de dónde provienen las creencias que tienes en estos momentos. Regularmente etiquetamos nuestras emociones excitantes como miedo, porque así lo hemos aprendido, y con base en ello, dejamos de realizar acciones por temor a lo desconocido o porque así lo hemos aprendido y jamás lo hemos experimentado, sin embargo, es momento de que te arriesgues a experimentar un episodio nuevo en tu vida.

Imagínate que hoy vas llegado a tu casa después de una larga jornada de trabajo, y lo primero que haces es lavarte las manos como protocolo, inmediatamente después de hacerlo, sientes un ardor en uno de tus dedos y te percatas de que tienes una herida muy fina de donde brota un color rojizo. Te preguntarás durante un tiempo, “¿Con qué me la hice?, ¿Cómo es que no me había dado cuenta? y eso que duele mucho”, y eso mismo ocurre con las emociones que son enterradas vivas. Requerimos de un estímulo para que comiencen a emerger a la superficie, y desde luego, nos haremos una infinidad de preguntas al tratar de buscarle un origen, una justificación o culpabilizar a alguien. Sin embargo, la responsabilidad en todo momento, es tuya.

En la actualidad, el estar demasiado tiempo frente al monitor (por poner un ejemplo) a causa del llamado home office, nuestro cuerpo literalmente se congela, se deteriora, y paulatinamente comienza a dar señales de que algo está ocurriendo, y desde luego va acompañado de emociones que regularmente no podemos asimilar e integrar, así que regresaremos a realizarnos más preguntas y a culparnos, esto último es incongruente ya que vivimos en una época donde evitamos o tratamos de evitar el dolor a costa de lo que sea. Esto ocurre cuando el cuerpo está acostumbrado a tanto al dolor que los químicos del propio cuerpo en las células ya son necesarias, y es sólo cuando existe un pico en la gráfica personal de la experiencia, o cuando la integridad física se ve amenazada, cuando le ponemos atención.

Quisiera que, a partir de este artículo, le pongas mayor atención a lo que sientes y puedas reconocer cuales son los detonantes donde requieres seguir castigándote para obtener a partir de este último, una gratificación. Pondré algunos ejemplos que escucho continuamente en la consulta diaria: “Ya es fin de semana, ahora si me lo merezco”, “Después de una larga jornada, me lo gané”, “Ya que pagué mis culpas, ahora si me toca”, “Me lo merecía, es como un castigo divino”, y la lista puede ir en aumento, justificamos nuestro placer con el sufrimiento diario, con el aguantar lo cotidiano, con el sacrificio benevolente, etc., sin embargo, a veces es la única herramienta que hemos aprendido con el paso del tiempo y que es la misma que enseñamos a las nuevas generaciones.

Y a pesar de esto, considero que, tengas la edad que tengas, siempre podemos iniciar una nueva vida donde podamos satisfacer nuestras propias necesidades y darnos cuenta de nuestras elecciones desde nuestra autenticidad. Quiebra los patrones, rompe los protocolos de vez en cuando y sé tú misma, tú mismo, colócale un poco chispa a tu vida y diviértete con ella, deja las máscaras para el carnaval y muéstrate cómo eres. Dejemos de sentir dolor para poder disfrutar de nuestra vida, y desde luego, hazte acompañar de algún profesional de la salud mental para que este viaje sea más cómodo.

“El placer es elusivo. Cuanto más te esfuerzas en buscarlo, menos probabilidades tienes de encontrarlo. Si te aferras a él con ansia, se te va de las manos.” (Lowen, 2005)
Y es entonces que, recordando a Buda, comentaba que “Cuando dejas de buscar encuentras”, refiriéndose que en ocasiones existe una lucha interna donde intervienen expectativas con base a todo nuestro sistema de creencias, sin embargo, no te das cuenta de que el placer lo puedes localizar donde menos te lo esperas. El placer no se puede poseer. Debemos entregarnos a él, es decir, dejar que tome posesión de tu ser. El placer es producto de la espontaneidad y la diversión, actitud que se va perdiendo con el paso del tiempo, y que basta con que mires a los niños, ¡ellos son maestros de la espontaneidad y de sentir placer!

“La epigenética sugiere que indicamos a los genes que reescriban nuestro futuro y significa literalmente <<por encima de la genética>>, el estudio de como el entorno controla la actividad genética.” (Dispenza, 2020)
Así que percátate de tu entorno, es muy probable que sea el mismo el que estimule el cómo te estás sintiendo hoy.

Narciso Hernández Muñoz
Psicólogo | Psicoterapeuta Humanista

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Referencias
Dispenza, J. (2020). Deja de ser tú. Barcelona: Urano.
Heer, D. (2012). Siendo tú, cambiando el mundo. USA: Access Consciousness Publishing, LLC.
Lowen, A. (2005). La voz del cuerpo. México D.F.: Sirio.

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