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Nadie por encima de la ley… solo Tlapale

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Este es el rostro del nuevo responsable de la seguridad pública en el municipio de Tlaxcala, se trata del tercer elemento que llega a la corporación policial en poco más de un año. ¿Cuánto tiempo aguantará o lo aguantarán?

El conflicto que ha prevalecido durante cuatro meses al interior del sindicato “7 de mayo”, el viernes pasado escaló a un nivel de violencia que provocó agresiones a burócratas y destrozos en el Centro de Convenciones durante la celebración del Congreso que llevaba a cabo la base trabajadora en este recinto y que, evidentemente, tuvo que suspenderse.

Es tal la tensión entre los grupos de trabajadores que se disputan el Comité Ejecutivo y de Vigilancia del sindicato que, el fin de semana, la violencia estalló y evidenció que el desprestigiado Edgar Tlapale, a través de Enrique Escobar, está dispuesto a defender a “sillazos” literalmente, lo que él cree es su patrimonio familiar.

La irrupción violenta de Escobar para frenar las votaciones, lo muestra desesperado por recuperar el control del gremio, tras su fallida protesta en el Tribunal de Conciliación y Arbitraje (TCyA), el blanco de sus frustraciones fue el Centro de Convenciones donde se desarrollaba el congreso por parte de los trabajadores de base.

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Más de mil 500 burócratas afines a estos personajes, utilizando grupos de choque, perfectamente organizados, reventaron el cónclave que se realizó para elegir a un nuevo dirigente. ¿A quién se le ocurrió negar la toma de nota a Enrique Escobar horas antes de la elección que pretendían realizar tres planillas, a poco no parece planeado?

En estos disturbios la base trabajadora identificó a personas ajenas al “7 de mayo”, entre los sujetos más violentos que irrumpieron el Congreso se sabe que son personas pagadas que arribaron de San Martín Texmelucan, Puebla y el Estado de México. Todo lo tenían muy bien articulado.

La experiencia para derribar rejas, destrozar las puertas de cristal del centro de convenciones, robar las urnas e incendiarlas en las calles aledañas al recinto ferial, fue evidente, sabían el manual de la A a la Z.

Si en verdad eran trabajadores de base, como argumentaron, además de sus funciones como burócratas, también tienen muy bien aprendidas otras “habilidades” de negociación.

Ahí están las imágenes que lo constatan, arremetieron contra todo lo que se les atravesó: mesas, sillas, trabajadores y la puerta de cristal del Centro de Convenciones.

Lo peor fue que lo hicieron ante la mirada de policías antimotines, quienes armados con cascos, chalecos y escudos, se limitaron a ver el cómo los “trabajadores de base” destruían las instalaciones de una propiedad a cargo del gobierno del estado. ¿De verdad pensaron que calmarían una turba con 10 granaderos, o así lo habrán calculado y pactado?

La razón por la que no intervinieron es porque se veían rebasados por el grupo de “porros”, -corrijo- de empleados agremiados al “7 de mayo”, dicen ellos. Por eso surge la duda de un posible pacto. ¿O acaso no pudieron detener a Enrique Escobar, o al propio Edgar Tlapale y a quienes ocasionaron destrozos en ese mismo momento?

Al no ser detenidos se enfrentaron todos los grupos, incluidas las planillas que se encontraban buscando el voto del gremio. Los que se trasladaron del Tribunal de Conciliación y Arbitraje se apoderaron del templete del Centro de Convenciones, arrancaron la lona, mientras un sudoroso y furioso Enrique Escobar gritó consignas con un pequeño altavoz que ya traía listo. Ahí están los videos y fotografías.

¿Era necesario poner en riesgo la integridad de trabajadores de base?, ¿Tanto les incomoda el reclamo legítimo de los burócratas que exigen, después de 121 días sin líder ni representante ante las autoridades, contar con una dirigencia legalmente elegida?

Luego del zafarrancho vinieron las declaraciones, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) informó que recibió una denuncia por lesiones y lo que resulte de una trabajadora que fue agredida.

Una vez que se supo intocable Enrique Escobar sede empoderó, por eso amagó con tomar carreteras y cerrar dependencias estatales para continuar con su presión y reclamo de que le den la toma de nota.

El grupo de trabajadores que fue agredido aclaró que el Congreso se suspendió hasta que existan condiciones de seguridad para que los empleados puedan ejercer su voto.

En estos momentos, el conflicto parece empantanado, ni la autoridad estatal ni la sindical ha mostrado firmeza para lograr una solución. Aquí los trabajadores son los menos culpables, algunos obligados y otros más en defensa de sus conquistas sindicales se dejan manipular por los colmilludos dirigentes.

La tarde de ayer domingo trascendió que una comisión del sindicato arribó de manera “discreta” al Palacio de Gobierno; al frente del grupo, se informó que estaba el mismísimo Edgar Francisco Tlapale Ramírez y que serían atendidos por el secretario de Gobierno,  Sergio González Hernández. ¿Una negociación en los oscurito?

Después, Enrique Escobar subió un video a la página de Facebook del “7 de mayo” donde informaba que habían sido citados en la Segob para buscar alternativas de diálogo y privilegiando la unidad e integridad de los trabajadores decidieron suspender “de manera temporal” el acuerdo de la noche del viernes, es decir, su amenaza de tomar vías de comunicación y oficinas estatales, quedó en eso, una simple amenaza.

El material que se compartió en redes sociales genera más dudas que certezas. Se evidencia un acuerdo previo y surge la sospecha de que su publicación responde más a una instrucción del gobierno que a una decisión propia de Escobar.

Por cierto, en el video luce más ecuánime y sereno que el viernes cuando encolerizado tomó el templete en el centro de convenciones. Pareciera que la estrategia fue anunciar la negativa de la toma de nota a Enrique Escobar justo un día antes del congreso que celebrarían tres planillas en  busca de la dirigencia, para darle motivos a manifestarse y montar todo un “show” en el centro de la capital.

Si los hechos violentos del viernes y el destrozo de instalaciones del gobierno quedan impunes se corre el riesgo de legitimar la violencia como instrumento para negociar.

Políticamente, si se decide no castigar a los responsables de la violencia al interior del gremio de burócratas, se envía el mensaje de que en Tlaxcala, la ley se puede negociar.

Sí, la reacción de la administración estatal ante estos ataques se queda en boletines informativos de la PGJE, donde en cinco o seis párrafos repiten el discurso que tanto hemos escuchado

“El Ministerio Público adscrito a la Unidad de Atención Inmediata recibió la denuncia, por lo que se realizará las indagatorias correspondientes con el apoyo de la Policía de Investigación y Servicios Periciales”.

Créame, que los hechos que vimos el fin de semana de trabajadores liándose a golpes con otros empleados estatales y utilizando la violencia como carta de presentación, se van volver a repetir y con consecuencias mayores. Al tiempo.

Las Tres de Ley… 1- A este escenario, hay que sumar el descontento de los trabajadores del sector salud, que también el viernes salieron a marchar para respaldar la postura de su líder y diputada local Blanca Águila para pugnar por un cambio en la política pública sanitaria.

Los dos grupos de manifestantes coincidieron en la explanada del Palacio de Gobierno con un mismo objetivo: reprochar el actuar de autoridades desde sus respectivas trincheras.

Los contingentes convivieron y se entre mezclaron en la Plaza de la Constitución como un terrible augurio de lo que puede pasar sí se sigue encumbrando a pseudo líderes  que cada vez se alejan más del interés común del bien de los trabajadores para “coquetear” con quienes ostentan el poder.

2.- Como “masoquismo institucional” podríamos definir el hecho de mantener al interior de la estructura gubernamental un líder sindical que busca someter a las autoridades con marchas, amenazas y acciones que rayan en la ilegalidad.

3.- Desde la Segob se debe enviar un mensaje claro de que el gobierno del estado no cede a chantajes y plantones.  Con la displicencia y consentimiento para este tipo de vandalismo sindical, el precio a pagar será muy alto.

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